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REFLEXIONES
SOBRE EL GRABADO DE ADRIÁN ARGUEDAS
Adrián Arguedas se ha labrado - en el curso de unos
años - gracias a su tesonera labor y a la renovación
periódica de sus recursos expresivos y temática,
un prestigio y un respeto como artista importante en el campo
del grabado.
Se dio a conocer profesionalmente en la xilografía,
exhibiendo un dominio técnico y un interés por
una visión crítica de sí mismo y de su
entorno.
Lo religioso y lo popular se amalgamaron en imágenes
que proyectaron el carnaval social, dominado por los desacralizadores
compases de la máscara, elemento crucial en su iconografía
por ser vehículo expresivo de la teatralidad absurda
de las instituciones sociales.
Arguedas cuestiona con mordaz ironía y soma para esclarecer
los fundamentos de su dimensión social y de su existencia
individual.
Desde este momento se establece un balance entre recursos
técnicos, expresividad y discurso que se mantendrá
a lo largo de su desarrollo como artista de la gráfica.
El uso de imágenes provenientes de la fotografía
y otros medios, junto con las estrategias de la "resemantización"
son aspectos que se inician en esta etapa y que se mantendrán
a través del tiempo hasta el presente.
Arguedas se convierte en un digno continuador de la tradición
del grabado nacional y sigue los pasos de las grandes figuras
como Francisco Amighetti a quien admira fervientemente.
La dualidad de lo humano presentada con fuerza y ácida
decisión contrasta con otros trabajos realizados en
la misma época en los que descubrimos las imágenes
de ancianos, apacibles y bonachones, vestigios de un "ethos"
que se diluye en el pasado y que el artista se plantea casi
como un acto de nostalgia. Angela y Ortiz, grabado de 1989,
es un buen ejemplo de esta producción alternativa del
grabador Arguedas.
La quietud de las obras realizadas dentro
de esta especie de paréntesis del autor volverá
en el futuro a aparecer en su producción dentro del
campo de la pintura; esta vez como la añoranza de un
pasado que se contrapone a imágenes actuales en espacios
pictóricos en los que el tiempo parece haberse detenido.
En 1992, Arguedas presenta al público una exhibición
titulada Imágenes Memorables que le permitió
mostrar un manejo más complejo de la técnica
y una ampliación de sus ideas artísticas. Arguedas
asume una posición más cosmopolita que uniendo
lo social, lo político y lo ético adquiere una
dimensión más ambiciosa. Esta vez, en un acto
de apropiación, el artista se abastece de los almacenes
de la historia del arte de los que toman las imágenes
que le permitirán articular una nueva propuesta de
discurso.
Hablamos ahora del enfrentamiento entre los valores seculares
de la cultura occidental, representados en sus grabados por
obras del contexto grecolatino -ideales clásicos de
belleza artística - y las grotescas imágenes
de filiación goyesca que junto con personajes tomados
de las fotografías de las páginas periodísticas
e imágenes relacionadas con la iconografía cristiana,
constituyen la negación de los ideales de Occidente.
Esta obra posee una notable unidad técnico-conceptual
que revela a Arguedas como uno de los grabadores más
poderosos del medio. Los formatos de gran tamaño, la
dimensión simbólica de la luz y las yuxtaposiciones
de la composición promulgan esa coherencia total de
elementos expresivos.
Un año después en 1993, el Museo de Arte Costarricense
exhibe una colección de dibujos titulada Descendimientos
en la que Arguedas prueba la calidad de su trabajo en un nuevo
medio técnico. Paralela a esta producción de
dibujo, nace en el grabado al agua fuerte una serie de obras
con la misma idea del Ernesto "Che" Guevara como
mártir que condensa lo cristológico con lo profano
en una síntesis que crea una especie de santo laico
a través de la imagen simbólica de la lucha
por la justicia corporeizada por la figura histórico-mitológica
del Che.
Luego de su regreso de Francia, después de un período
de estudios de varios meses en una escuela de arte en Lorient,
Adrián Arguedas ofrece al público costarricense
una nueva serie de grabados en metal bajo el título
de Suite Sexuelle, con esta producción el grabador
obtiene el premio nacional a la mejor exhibición del
año en la rama de grabado.
Suite Sexuelle es una visión crítica de la violencia
deformadora de nuestra época; Arguedas comunica su
visión por medio de la bacanal y la orgía del
poder. La codicia narcisista y la gratificación ególatra
dominan los seres que se desplazan en los sórdidos
espacios de los grabados de esta colección.
Después de haber disfrutado de una beca cultural de
la Agencia de Información (U.S.l.S.) en los Estados
Unidos de Norteamérica, Adrián Arguedas regresó
al país con una nueva serie de trabajos de grabado
en agua fuerte y agua tinta. Gran solvencia técnica
y la dimensión del color caracterizan este nuevo grupo
de obras. La afinidad con su pintura es evidente en esta serie
que se plantea como idea general la convivencia humana a través
de la relación de pareja.
La imposibilidad de la comunicación, el peso de la
cotidianidad, la alienación, sé adivinan en
el desgano y la sinceridad de los cuerpos desnudos, que no
pueden eludir la elocuencia de los gestos y las actitudes
en su abrumadora soledad.
Los acontecimientos del primer plano, se dibujan contra un
fondo en donde muchos otros personajes ejecutan acciones que
repiten sin cesar. Objetos de uso diario como jarros, cuencos
y tazones establecen un diálogo con las series de acciones
del último plano y unos con otros refuerzan el concepto
de los actos repetidos a lo largo del tiempo.
Lo individual y lo social se integran en los espacios de cada
grabado por medio del contraste entre los planos, la espacialidad
ha sido simplificada para darle protagonismo al color y una
cierta tendencia hacia lo bidimensional.
Cada imagen por si misma y la totalidad del conjunto nos conducen
a un ámbito de soledad, de tensión, de lucha,
de alejamiento y de abandono que aliena a los personajes y
les sume en la imposibilidad del abrazo.
Excelente calidad técnica, reflexión intensa,
actitud crítica, otorga un sello de garantía
que reafirma una vez más la importancia de la obra
plástica de Arguedas en el medio.
Efraím Hernández Villalobos.
Historiador del Arte
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